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Es
el conocimiento y aplicación en el diagnóstico de enfermedades, de
las zonas microreflejas en el iris de los ojos, las cuales
corresponden a los órganos internos, y mediante la modificación de
las estructuras y el color visibles del iris, es posible obtener
información del estado de salud que tiene cada órgano del cuerpo.
Este método es útil solo para fines diagnósticos; ya que al iris
del ojo no tenemos acceso como para producir estimulación alguna
desde ese sitio.
Es
la teoría de la reflexología aplicada al pabellón de las orejas.
Este método es frecuentemente utilizado por los acupunturistas, sobre
todo en tratamientos prolongados en los que la portación de agujas en
otros sitios de la piel resultaría muy molesta para cualquier persona
con actividad cotidiana.
Reflexología
podálica
Son las zonas microreflejas de todos los órganos del cuerpo,
localizadas en el área de los pies. Este es el método más
frecuentemente utilizado y el más popular de la Reflexología.
Exactamente
lo mismo que el anterior, pero aplicado a las manos.
En
la zona donde normalmente todo ser humano tiene cabello, en la cabeza,
existen un gran número de zonas microreflejas de órganos y
estructuras corporales internas.
Al
igual que en el área de la cabellera, en la cara también se han
descubierto una gran cantidad de zonas microreflejas de un número
igual de órganos, glándulas y estructuras corporales.
Este
es un método utilizado en un tipo de medicina oriental llamado Su Jok
en el que se utilizan imanes o vegetales aplicados en áreas específicas
para conseguir estimulación en zonas microreflejas localizadas en
dedos y uñas.
Este
sistema es muy popular en Japón y Corea y esta basado en el mismo
principio de todas las anteriores.
Reflexología
en la piel
En
la piel de casi todo el cuerpo están localizadas una inmensa cantidad
de áreas microreflejas, las cuales tienen su mayor aplicación en el
sistema de curación de origen oriental llamado Acupuntura. De este
sistema se desprenden otros métodos utilizados popularmente, tales
como la Dígito-puntura o Dígito-presión.
¿Cómo
se realiza?
Una
de las mayores cultivadoras del masaje zonal, la norteamericana Funíce
D. Ingham, sugiere realizarlo mediante presión con el pulgar,
imprimiendo un movimiento similar al que emplearíamos para pulverizar
un terrón de azúcar con el pulgar de una mano sobre la palma de la
otra. Ante todo, es muy importante la posición tanto del masajeado
como del masajista. Lo mejor, naturalmente, es que el paciente se
tumbe con un cojín bajo las rodillas y el pie posado sobre las
rodillas del masajista, el cual debe colocarse en una postura que le
garantice la mayor comodidad posible. El movimiento del pulgar (o de
otros dedos) sobre la parte masajeada debe ser lento, profundo y
circular. No obstante, antes de comenzar el masaje es conveniente que
el masajista se familiarice con cada píe, tomándolo entre las manos
y manipulándolo durante al menos un minuto. Al mismo tiempo, el
paciente se preparará para la operación relajándose con dos, tres
respiraciones profundas.
Dado
que, presumiblemente, en el masaje zonal se produce un auténtico
intercambio energético entre masajeado y masajista, una especie de
comunión, es conveniente que también este último se relaje y trate
de respirar, mientras dura el masaje, en sintonía con su paciente. La
posibilidad de que el masajista se cargue de energía negativa
procedente del masajeado es un peligro constante, del que no obstante
se puede salvar guardando una precaución relativamente sencilla:
imaginar que alrededor de los codos brilla una luz blanca y repetirse
que esa luz es un escudo suficiente para una protección completa. Si,
aun tomando durante el masaje todas las precauciones debidas, se
siente cansancio o tensión, para alejarlas basta con realizar dos
movimientos decididos con las manos, como para liberarlas de unas
gotas de agua. El hecho de lavarse las manos después de cada sesión
y de mantenerlas cierto tiempo en agua fría contribuye a la relajación
del masajista. Por cuanto respecta a la duración del masaje zonal,
puede decirse que varía dependiendo de si la actuación tiene una
finalidad meramente relajadora o bien claramente terapéutica. En el
primer caso puede durar incluso una hora (medía hora cada píe); en
el segundo caso hay que evitar excesos de estimulación, por lo que el
masaje no debería superar el cuarto de hora para cada píe. Es mejor
masajear durante unos minutos una zona para luego volver a ella más
tarde, en el curso de la misma sesión.
Las
toxinas que se liberan durante el masaje deben ser eliminadas. Para
evitar acumulaciones peligrosas es conveniente espaciar las sesiones,
del mismo modo que se aconseja que cada sesión vaya seguida de un
corto descanso o de un relax corporal.
El
masaje de las manos equivale al de los pies, pero entraña mayor
dificultad por cuanto respecta a la localización de las zonas
deseadas. Para compensar, el masaje de las manos puede realizarse en
cualquier momento y prácticamente en cualquier lugar. Y sobre todo,
puede auto practicarse. Este último aspecto representa una gran
ventaja. No obstante, es necesario conocer bien los puntos estratégicos,
así como los movimientos, que hay que realizar con una habilidad que
se adquiere sólo con la experiencia. Por todas estas razones el
masaje zonal de las manos constituye una terapia inmejorable en casos
de emergencia.
El
éxito del tratamiento depende de la habilidad con la que se lleva a
cabo. El principio fundamental es reducir la tensión y facilitar el
aflujo de sangre al área afectada. La reflexología, según sus
cultivadores, estimula además el flujo de energía fina, que
revitaliza así todo el organismo.
Obviamente,
la edad y las condiciones de la persona tratada influyen notablemente
en la velocidad de curación. Si el trastorno es ya antiguo, la
sustitución de células débiles y enfermas será un proceso gradual.
El masaje zonal resulta beneficioso para personas de todas las edades.

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